Cuando la IA Se Equivoca y Nosotros También: El Valor del Error Humano | por Marcelo Futerman

 

Cuando la IA Se Equivoca y Nosotros También: El Valor del Error Humano

por Marcelo Futerman

La inteligencia artificial promete precisión. Optimización. Exactitud.
Pero la realidad es otra: los algoritmos también se equivocan. Y cuando lo hacen, la reacción suele ser inmediata: desconfianza, críticas, titulares alarmistas.

Sin embargo, Marcelo Futerman propone mirar el error desde otro ángulo:

“El problema no es que la IA se equivoque. El problema es creer que nosotros no lo hacemos.”

Porque en el fondo, el error no es una falla del sistema. Es una condición inevitable de cualquier proceso que aprende.


El mito de la perfección algorítmica

Existe una narrativa peligrosa alrededor de la inteligencia artificial: la idea de que es objetiva, neutral y superior al juicio humano.

Pero los modelos aprenden de datos imperfectos.
Y si los datos tienen sesgos, omisiones o errores históricos, el resultado también los tendrá.

Marcelo lo explica con claridad:

“La IA no inventa errores. Amplifica los que ya estaban.”

La diferencia es que, cuando un humano se equivoca, lo entendemos como parte de su condición. Cuando se equivoca una máquina, nos sorprende. Y eso revela algo más profundo: nuestras expectativas irreales.


El error como espacio de aprendizaje

La inteligencia artificial mejora porque falla. Cada error permite ajustar el modelo, recalibrar pesos, optimizar decisiones.
Pero lo mismo ocurre con nosotros.

Las mejores ideas nacieron de intentos fallidos.
Las grandes innovaciones surgieron después de errores reiterados.

El problema aparece cuando intentamos eliminar el error por completo.

“Una sociedad que no tolera el error humano corre el riesgo de delegar todo en máquinas que tampoco pueden garantizar perfección.”
—Marcelo Futerman


¿Qué aporta el error humano que la IA no puede replicar?

La máquina corrige datos.
El humano interpreta consecuencias.

El error humano trae consigo algo que la IA no tiene:

  • Responsabilidad emocional

  • Capacidad de arrepentimiento

  • Contexto histórico y social

  • Empatía frente al impacto del fallo

Una IA puede recalibrarse.
Un humano puede aprender, reflexionar y cambiar su criterio.


El peligro de la intolerancia al error

En entornos hiperautomatizados, se instala una cultura de eficiencia constante. Todo debe funcionar. Todo debe ser inmediato.

Pero esa lógica es incompatible con la creatividad, la innovación y la evolución.
Porque crear implica arriesgar. Y arriesgar implica equivocarse.

Marcelo lo sintetiza así:

“Si eliminamos el error, eliminamos la posibilidad de descubrimiento.”


Conclusión: equivocarse sigue siendo humano (y necesario)

La inteligencia artificial puede reducir errores operativos.
Pero no puede eliminar la condición imperfecta que nos define como especie.

Y quizás ahí esté el verdadero aprendizaje:
no se trata de aspirar a la perfección algorítmica, sino de construir sistemas donde el error —humano o artificial— sea comprendido, gestionado y transformado en mejora.

Marcelo Futerman lo deja claro:

“La inteligencia no es ausencia de error. Es la capacidad de aprender de él.”

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